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lunes, 13 de diciembre de 2010

para triple A.


1 comentario:

Raúl Ruano dijo...

EL CURA Y LOS LANGOSTINOS

Contaban de él que era capaz de pelar una gamba con una sola mano. Decían que siempre siempre siempre para la cena de Navidad con sus empleados exigía langostinos en el menú. Susurraban en los bares los que lo conocían que nadie fue capaz de decirle que no mirándole a los ojos. No temían herir a un hombre bueno. Tenían miedo.
“¿A qué?”, le preguntó el periodista, un mes después de que todo el mundo perdiera ese miedo extraño. “Uy, uy, uy”, se santiguaba otro cura frente a una horchata, con el alzacuellos desabrochado y la sotana arrugada.
Dicen que una vez estuvo a punto de morirse atragantado por un langostino. Cuentan que fue el ansia con el que lo engulló lo que le obturó la tráquea. Alguien lo salvó. Esputó la cáscara, con sus babillas, y llegó tan lejos que sus más cercanos le calcularon cuatro metros.
Lástima, pensó el periodista. Si se hubiera muerto y con ese final, se habría ganado la película, seguro de cine negro. Y a lo mejor la gente hasta habría perdido el miedo.


TRIPLE A